Theodor Adorno

Sobre la “Teoría Estética” de Theodor W. Adorno.

“Ha llegado a ser evidente que nada referente al arte es evidente: ni en él mismo, ni en su relación con la totalidad, ni siquiera en su derecho a la existencia. El arte todo se ha hecho posible, se ha franqueado la puerta a la infinitud y la reflexión tiene que enfrentarse con ello.” 1

A través de una cita tan categórica como la anterior, Adorno expresa la extraña mezcla entre esperanza y preocupación que los devenires del arte producen en su dialéctica y pensamiento, al tiempo que formula tímidamente la posibilidad de una muerte del arte, o lo que es lo mismo, la posibilidad de un “fin de su historia”.

El arte y la historia –entendida esta última como historia de la humanidad- han convivido necesariamente desde los albores del hombre. Ambas abstracciones no son sino un subproducto de la progresiva racionalización del ser humano, y representan las primeras nociones de cultura y archivo.

Si bien tanto Hegel como posteriormente Danto, formularon diversas hipótesis estéticas relativas a la historia, la posibilidad de su vínculo indisoluble con el arte no fue considerada hasta que Theodor W. Adorno desarrolló su Teoría Estética.

Adorno afirmó, como ya hiciera Arthur C. Danto en su momento, que él mismo era deudor de la situación histórica y sociopolítica que le había tocado vivir –valiente perogrullada, si se me permite la expresión- y extrapoló esta afirmación a toda su filosofía. Sin embargo, jamás suscribió las ideas de Hegel sobre la muerte del arte; paradójicamente, optó por una aproximación de auténtico hegeliano para con sus tesis, poniendo estas en duda en lugar de adoptarlas con alegría como haría Danto.

Pero quizás, esa resistencia a la inercia que suponía aceptar semejante conjetura, no era tanto un guiño a Hegel como una reveladora declaración de intenciones. Después de todo, Adorno siempre tuvo puestas muchas esperanzas en el arte y su muerte sería un precio a pagar muy alto para su idea de la humanidad y del progreso racional. Al frankfurter le resultaba más cómodo –o simplemente más tranquilizador- pensar que tanto la historia como el arte habían sobrevivido a su ocaso, momento que se obsesionaba en identificar con el genocidio nazi.

Las razones para aclamar este acontecimiento como frontera entre la vida y la muerte de una abstracción –la historia-, quizás atiendan al hecho de que en su visión de la misma sea la de un relato sobre el progreso, y ,por tanto, sobre la conquista de la naturaleza por parte del hombre. El hito de Auswchitz es el descubrimiento por parte del hombre de que esa misión ya estaba cumplida, y de que la naturaleza ya no era un peligro para el hombre, sólo el hombre mismo era un verdadero peligro, dando forma así a la famosa máxima de Plauto “el hombre es lobo para el hombre”.

Al que escribe estas le resulta curioso, que Adorno se obceque en datar la muerte del arte –el límite de su autonomía- en el mismo momento que el de la defunción de la historia, pues para servidor la muerte del arte sucede al final de la era pop, curiosamente coincidente con lo que parece el último atisbo de utopía e idealismo pseudorromántico, los años 60 y el auge del movimiento contracultural. La conversión, tanto de la contracultura como del arte, en objetos de consumo, siempre me ha parecido sinónimo de nuestro tiempo.

Es este último hecho el que más preocupará a Adorno, ya que siendo para él el arte, el último reducto de humanidad –en el sentido humanitario del término- y de libertad, el mediador, el policía de la historia y del paradigma del progreso ciego, etc.

Su incrustación dentro de aquello contra lo que supuestamente lucha –el sistema-, supone, más allá la muerte del arte, la muerte de un futuro sociopolítico esperanzador.

Es por ello que Adorno dedicará todos sus esfuerzos a postular un retorno a los orígenes del arte –un neosimbolismo-, en el que este se ocupara de relatar la historia de la humanidad, para que ésta pueda alcanzar la autoconsciencia de sus atrocidades -como Auswchitz-, en definitiva, para que el arte sea símbolo de la historia.


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 Adorno, Theodor W. Teoría Estética (I). Akal, Barcelona, 2004.



José Coca

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